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GUARDIANAS DE LAS SEMILLAS SE REUNEN EN WEBINAR “LAS VOCES DE LAS SEMILLAS: EXPERIENCIAS PARA SU RESGUARDO EN AMÉRICA LATINA”

#CAP - Noticias CAP noviembre 3, 2021

Junto a otras mujeres de la Cooperativa Semilla Austral de Chile, Red de Mercados Agroecológicos del Valle del Cauca y la Red de Huertas Educativas de Colombia este 27 de octubre se reunieron en un evento virtual denominado “Las Voces de las Semillas: experiencias para su resguardo en América Latina” organizado por la ONG CETSUR (Centro de Educación y Tecnología para el Desarrollo del Sur).

Este evento presentó el aporte de las diferentes organizaciones de Sudamérica que protegen las semillas no híbridas, es decir, semillas nativas y criollas que han sobrevivido al monocultivo y al fomento de la agricultura convencional.

Las diferentes redes de guardianes de semillas plantearon la problemática del sector que, en palabras de Ingrid Guzmán, educadora intercultural y bilingüe del Perú, tiene que ver con la economía de mercado y las actividades extractivas que rompen los lazos comunitarios.

¿Por qué es tan dañino producir monocultivos?

La economía de mercado ha fomentado un modelo agrícola que se ha hecho convencional: el monocultivo, que tiene como objetivo generar productos homogéneos para lo cual, se desarrollan variedades híbridas: semillas cruzas, con el fin de seleccionar una característica económicamente valiosa.

Esto ha ocasionado, para regiones agrícolas como la nuestra, el desplazamiento o pérdida de variedades nativas adaptadas a zonas específicas por otras variedades “mejoradas” (por intervención humana). Este es el caso del maíz amarillo duro sembrado en la costa, el algodón que ha desplazado a variedades de colores de maíz por “no ser comerciales”, incluso es el caso de la papa donde se generan, al menos diez variedades “mejoradas”, en desmedro de cientos de variedades nativas.

Guzmán se refiere también a las consecuencias que ha traído consigo el contacto de las comunidades indígenas con el mercado occidental, como la migración permanente y estacional de personas que, a la larga, significa un encarecimiento de la mano de obra en regiones donde la actividad agrícola es principalmente de secano.

Esta situación también ha traído como consecuencia máxima, la “pérdida de saberes para la conservación de la biodiversidad en las comunidades y familias a las que la educación contribuye a la formación académica descontextualizada”, sentenció Guzmán con preocupación.

Una propuesta para salvaguardar semillas nativas

Desde Colombia, la Red de Huertas Educativas sugirieron “propiciar un espacio de discusión, de intercambio de saberes, semillas y experiencias estudiantiles para concienciar a los niños sobre su responsabilidad frente a los problemas ambientales”.

Añadieron que es vital reconocer que los saberes ancestrales difunden el cuidado del medio ambiente, lo cual significa un “aporte para salvaguardar las semillas nativas, soberanía alimentaria y la conservación de los ecosistemas”.

Desde Perú, la profesora Ingrid Guzmán, recalcó la importancia de “situar la educación dentro de las necesidades del ciclo de vida de las comunidades criadoras de semillas y restituir los diálogos de saberes intergeneracionales con el objetivo de que niños, adolescentes y jóvenes se reencariñen con las actividades de la chacra, las que disfrutan y comprenden en diálogo con los adultos.”

En su exposición, Guzmán compartió importantes datos sobre cómo se entiende el proceso de “Regeneración de Saberes para la Crianza de la Biodiversidad” que a continuación compartimos:

¿Cómo se da el reconocimiento de la sabiduría propia?

  • Reflexionando acerca de las vivencias tempranas en la crianza familiar ligadas a la actividad agrícola.
  • Participando con abuelos, madres y los pares en las vivencias de la chacra, observando y haciendo.

Regeneramos la biodiversidad de semillas cuando:

  • Respetamos y vivimos la ritualidad que acompaña a las actividades de crianza de las semillas.
  • Reconstruimos el calendario agrofestivo de la comunidad (Sentimiento y actitud de resistencia).
  • Relacionamos las áreas de aprendizaje en escuela y universidad con los problemas y desafíos de ese ciclo de vida.

¿Qué implica en la educación formal?

  • Revitalizar las lenguas originarias.
  • Articular los contenidos escolares con el cuidado de la biodiversidad.
  • Incorporar actores formadores como los abuelos y mujeres de las comunidades en las escuelas.

¿Cómo logramos la regeneración de saberes en el cuidado de la biodiversidad?

  • Los niños, adolescentes y jóvenes de nuestros pueblos originarios son también semillas que debemos de criar.
  • Convertirnos en “runas/Jaq’es” para convivir en armonía con el universo.
  • Respetando y criando con cariño a todos los seres porque todos tienen vida.
  • Conviviendo en comunidad, reconociendo nuestros vínculos de interdependencia.
  • Entender que educar es un acto cariñoso que teje diálogos intergeneracionales de saberes.

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